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jueves, 4 de julio de 2013

La roca dorada una visita pasada por agua.

Después de ver cómo se las gastaba el tiempo en el sur de Myanmar decidí empezar a subir lo más rápido posible para que las lluvias no me afectaran tanto. Así mi plan era salir de Mawlamyine y visitar la roca dorada por la mañana para seguir camino hacia el norte y dormir en Bago ese mismo día. De tal forma que cogí el primer autobús hacia la pequeña ciudad de kyaiktiyo.






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Llegué a mi destino sobre las doce de la mañana en un día más o menos soleado. Una vez allí se repite la misma historia de miles de moto-taxis ofreciendo sus servicios para llevarte hasta la villa de Kinpun que es donde están la mayoría de hoteles y desde donde se parte para visitar la roca dorada. La opción más barata era un pick up por 500 mmy pero como no tenía tiempo para esperar hasta que el camión se llenara decidí regatear con un moto taxi al conseguí rebajar el precio hasta 1500mmy ida y vuelta. Pero de nada me sirvió el regateo porque cuando llegué a Kinpun me enteré que no podía hacer el trayecto de ida y vuelta porque para visitar la roca dorada tendría que esperar como mínimo 4h más el tiempo que pasara en la visita y el regreso a Kinpun.

Moraleja que después de mucho discutir tuve que aceptar que me tocaba pasar la noche y busqué alojamiento y para colmo empezaba a llover a cántaros. Pero adivinar lo más gracioso, resulta que en el mismo hotel estaban alojados Emili y Alba y justo me los encontré cuando regresaban de su visita a la roca empapados y se marchaban a Bago. Resulta que ellos se habían levantado a las 6 de la mañana para subir pronto y poder coger el primer autobús a Bago que salía a la una y media pero como para subir a la roca hay que coger un camión que sólo sale cuando está lleno, tuvieron que esperar 4h por la mañana hasta que se llenó y otras 4h por la tarde hasta que volvieron así que por los pelos llegaron a coger su autobús.

Yo cuando vi el panorama me acojoné porque no quería que me pasara lo mismo y tener que quedarme otro día en Kinpun así que me acerqué a preguntar cuando salía el siguiente camión y cuál era el precio del billete. La respuesta fue contundente, el camión sale cuando se llena y el precio eran 2,500mmy ida y otros 2,500mmy vuelta a lo que habría que añadir los 6$ de la entrada al peñasco. Total que entre la que estaba cayendo y lo caro que se hacía la visita parecía que el no ganaba por mayoría en la votación de que hacer.

Después de un rato de meditación y ver que era absurdo estar ahí y no visitar la roca aunque estuviera lloviendo a mares decidí subirme al camión. Y la verdad he de decir que la decisión fue de lo más acertado. Primero porque durante el viaje conocí a tres personas de lo más majo.  Marius un chaval suizo que está viajando por el sudeste asiático tras dejar su trabajo en banca porque prevé que el sistema se va a ir a la mierda en breve.  Y Nienke y Keeg una pareja de holandeses que estaban terminando su viaje por Myanmar después de haber pasado casi tres semanas viajando por el país. 


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Los cuatro nos lo pasamos pipa subiendo en el camión a pesar de que no sabíamos si íbamos a llegar de una pieza al templo. Es gracioso cómo funciona la mentalidad europea con respecto a la del sudeste asiático. Mientras nosotros pensábamos en lo peligroso que era el viaje, el resto de lugareños que viajaban en el camión con nosotros se lo estaban pasando en grande con cada una de las curvas y cuestas por las que el camión subía a trompicones.


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Llegamos a la cumbre empapaditos después de cuarenta minutos bajo un agua torrencial y después de pagar nuestra entrada como buenos turistas que somos, nos adentramos en el templo para ver la roca dorada. El gran problema era que, como había una ligera niebla, la roca no es que se viera en su pleno esplendor. No obstante he de decir que aun así a mí me sorprendió muchísimo y estoy seguro que sin niebla tanto la roca como las vistas del valle deben de ser increíbles.




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Una vez hecha la visita nos quedamos en una cafetería tomando un té y esperamos a que llegara la hora de volver. Durante toda la visita a la roca la lluvia cesó y dejó paso a la niebla. Durante todo el tiempo que estuvimos esperando a que llegaran las seis para regresar no cayó ni una gota de agua. Bueno pues fue montarnos en el camión de regreso y empezar a llover como si el mundo se fuera a acabar. ¡Joder con el karma! Bueno pues otros cuarenta minutos cantando bajo la lluvia.

Una vez de regreso en el hotel decidimos pegarnos todos una ducha y quedar para cenar más tarde. Así lo hicimos y una hora más tarde estábamos todos disfrutando de una cena estupenda y charlando hasta altas horas de la noche. La verdad es que lo que había empezado como un día gris feo se transformó en una visita muy grata con gente encantadora a la que espero volver a encontrarme en este viaje.




Y el siguiente destino Bago pero eso será parte de mi próximo post.

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