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domingo, 30 de junio de 2013

Yangón una ciudad totalmente diferente a lo que imaginaba

El día 27 aterricé a las ocho de la mañana en el aeropuerto de Yangon después de una jornada interminable en la que sólo pude dormir un par de horas.


En la cola del pasaporte conocí a dos chicas suramericanas Carla, chilena y Victoria, uruguaya que viven en Nueva Zelanda pero que estaban de vacaciones y tras sacar dinero en los cajeros decidimos compartir un taxi hasta el centro de la ciudad. Para ello salimos del aeropuerto y caminamos un poco para eludir las tarifas de los taxistas que paran en la terminal y buscar un taxi directamente en la calle. Se puede ir en autobús pero como esa información no venía en la guía no lo averigüé hasta que ya estaba en la guest house.

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Durante el trayecto del aeropuerto al centro los tres íbamos comentando lo moderna que nos parecía la ciudad o, mejor dicho, lo diferente que parecía de la imagen que nos habíamos formado por todo lo que nos habían contado. Sin embargo Yangón es una ciudad relativamente moderna y parecida a otras ciudades del sudeste asiático.





Evidentemente se puede comparar con la modernidad de Bangkok o Kuala Lumpur, pero que nadie se piense que es un pueblo en medio de arrozales. Aunque básicos y rudimentarios tiene un buen sistema de autobuses que te pude llevar a cualquier parte de la ciudad por 100-200 kyt. Las calles están mucho más limpias que muchas ciudades de la India. Existen varios puestos internet e incluso cafeterías con wifi. Los smartphones están a la orden del día y hay cajeros y bancos donde sacar dinero. Si bien es cierto que muchos de ellos sólo aceptan tarjetas birmanas, existen otros como el Banco CB que acepta visa.

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Que Myanmar está cambiando es un hecho porque en la ruta mañanera que hice con Carla y Victoria nos cruzamos con una marcha de gente que protestaba delante del ayuntamiento porque el gobierno les había expropiado las tierras.

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Mis días en la ciudad los he pasado adaptándome al paso del país, aceptando la lluvia como parte de mi viaje, comiendo en los puestecillos calejeros y visitando las diferentes monumentos entre las que destaca sin duda alguna la shwedagon paya, una maravilla de 98 metros de alto cubierta de oro que es el símbolo de la ciudad y junto con Bagan del país entero.






















El monumento es impresionante, el resplandor del oro que la recubre es espectacular y la tranquilidad que rodea a última hora de la noche lo convierte en un espacio mágico. Tanto es así que yo he visitado la estupa dos veces porque la primera me quedé sin batería en el móvil y quería tener fotos de este maravilloso templo.

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Después de dos días en Yangón donde me he dado cuenta de lo fácil y cómodo que he viajado en Malasia he tenido que cancelar mi opción de viajar a las playas porque al parecer el monzón no deja llegar hasta allí y hoy he comprado un billete para la ciudad de Mawlamyine en el sur donde espero poder realizar una ruta en ferry hasta la pequeña ciudad de Hpa-an. Pero eso será parte del próximo post.

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