A
Mathias, Charline y Philip por ser unos grandes compañeros de viaje y mejores
personas
A
pesar de que tanto mis dos amigas del hotel en Bago cómo la gente de la agencia
y los del autobús todos me aseguraron que llegaría a Kalaw sobre las seis de la
mañana, resultó que cuando ya había conseguido hacerme con el asiento de atrás
para echar una cabezada el conductor me toca en el hombro para decirme que ya
habíamos llegado a Kalaw. -¿Cómo? Imposible, si son las tres de la mañana –
Con
los ojos cargados de sueño deambulé por las calles vacías hasta que llegué a la
guest house donde me iba a alojar. Por suerte me estaban esperando y me dieron una
habitación para dormir y un papel doblado con algo manuscrito que cuando lo
abrí resultó ser una nota de Emili y Alba diciéndome que ellos se marchaban al
lago Ilie al día siguiente por si me quería unir a ellos.
Cómo
el día anterior había llegado tan tarde a Kalaw decidí dormir y dedicarme a
pasear por el pequeño pueblo de kalaw para reponer fuerzas. Kalaw basa su
economía en los treking al lago Ilie y dado que estábamos en temporada baja el
pueblo dormitaba relajadamente mientras los escasos turistas paseábamos por sus
calles.
Después
de visitar las colinas cercanas, pasear por el pueblo y comer cerca del mercado
me puse en marcha para conseguir un grupo con el que hacer el trekking de tres
días al lago Ilie. Pero en mi guest house no había nadie dispuesto a hacerlo y
en las dos o tres agencias que pregunté no tenían gente así que el treking no
podía empezar peor.
Sin
saber todavía como lo iba a hacer decidí darme una vuelta por Kalaw. Ya era de
noche cuando pasé por delante de un bar donde estaban sentados una pareja de
turistas tomando una cerveza. Nada más verles me dieron muy buenas vibraciones
así que me acerqué a hablar con ellos. Se trataba de Mathias y Charline una
pareja de franceses cantidad de majos que estaban viajando por el sudeste
asiático y que llevaban ya dos semanas visitando Myanmar. Nos pusimos a hablar
y resultó que ellos también tenían intención de hacer el trekking hasta el lago
Ilie al día siguiente además había hablado con un guía muy honesto y que daba
muy buen precio. Así que después de acordar que me unía a ellos dos para hacer
el trekking nos fuimos a cenar cerca del mercado unos noodles y después nos
acercamos a la guest house donde ellos estaban alojados para hablar con el guía
y cerrar los últimos flecos. Efectivamente Jonhy era un guía súper majo que nos
estuvo explicando que ruta íbamos a seguir y nos comentó que al grupo se unía un
chico inglés Philip. Así que una vez aclarados todos los puntos quedamos en
vernos al día siguiente a las ocho de la mañana.
Al
día siguiente estábamos todos reunidos en el hall del hotel y desde el minuto
uno se podían sentir buenas vibraciones en el grupo. Tanto Mathias y Charline
que les había conocido la noche anterior como Philip con el que hablaba por
primera vez esa mañana parecían gente estupenda. Y los guías Jonhy y Giorgio
tampoco se quedaban atrás. ¡Menudo grupo más de puta madre habíamos formado!
El
primer día de marcha fue tranquilo, al salir de Kalaw pasamos por una casa
colonial muy chula que ahora es un orfanato y mientras íbamos cruzando campos y
huertos nos íbamos encontrando con lugareños que se paraban a saludarnos y
charlar con nosotros. Fue un día de caminata estupendo, lo pasamos de maravilla
y vimos paisajes y gente increíbles.
chilies cacahuetes
arroz pimientos
Al
terminar la jornada paramos en una pequeña aldea a pasar la noche y antes de
cenar Mathias y yo pudimos jugar con unos lugareños al deporte nacional Sepak takraw. Que es como el boleyball pero con una pequeña pelota de bambú y que se
juega con los pies. Nos lo pasamos genial.
Al día siguiente nos despertamos temprano y tras meternos un estupendo
desayuno con pankaces con miel, fruta y café que habían preparado Jonhy y
Giorgio nos pusimos en marcha. Una vez más los paisajes y gentes que
encontrábamos por el camino nos dejaron sin palabras. Y con cada paso que dábamos
el pequeño grupo de cuatro viajeros se hacía más compacto y bien avenido. Se
podía comprobar que todos compartíamos el mismo buen rollito y gusto por
viajar.
patatas gengibre
Al terminar el segundo día dormimos en una guest house que compartimos
con otro grupo que estaba haciendo el mismo trekking y con los que pasamos una
noche estupenda cenando, charlando y bebiendo cervezas.
El último día fue el más duro ya que no paramos de andar hasta que no llegamos al lago Ilie. No obstante el esfuerzo mereció la pena. Una vez más pasamos por todo tipo de paisajes, desde un monasterio encantador hasta un bosque de bambú precioso. Además durante el camino pudimos ver como en las colinas cercanas al lago Ilie todos los lugareños se reunían para celebrar una fiesta lanzando cohetes al aire que daban el punto de salida a la época de lluvias. El ambiente en la zona era genial, había puestos de comida, suvenires, y una gran plataforma desde donde lanzaron un cohete tan grande como una mesa.
El último día fue el más duro ya que no paramos de andar hasta que no llegamos al lago Ilie. No obstante el esfuerzo mereció la pena. Una vez más pasamos por todo tipo de paisajes, desde un monasterio encantador hasta un bosque de bambú precioso. Además durante el camino pudimos ver como en las colinas cercanas al lago Ilie todos los lugareños se reunían para celebrar una fiesta lanzando cohetes al aire que daban el punto de salida a la época de lluvias. El ambiente en la zona era genial, había puestos de comida, suvenires, y una gran plataforma desde donde lanzaron un cohete tan grande como una mesa.
Pero lo mejor estaba por llegar, un último paseo de una hora por el
lago Inle hasta llegar a la ciudad de Nyaung Shwe.
Cuando llegamos a Nyaung Shwe buscamos rápidamente alojamiento y fuimos
directos a pegarnos una ducha decente y descansar que lo merecíamos si
queríamos disfrutar del lago. Pero eso será tema de mi próximo post.
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