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domingo, 11 de enero de 2015

Samaipata un pueblito de artesanos a los pies de los andes

El primer día de septiembre después de recuperarnos de nuestras heridas salimos de Santacruz con destino a Samaipata.

Salimos de nuestro hostal y caminamos hasta el primer anillo donde agarramos un micro (2$b.) a la altura del cementerio y que nos llevaría al lugar desde donde salen los taxis hasta Samaipata (30$b.) donde tuvimos que esperar hasta que conseguimos ser suficientes para llenar un coche y salir.

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El viaje duraría más o menos dos horas y nuestra primera parada fue en ginger´s Paradise un proyecto ecológico donde te puedes alojar en una granja y aprender de sus dueños a plantar con técnicas ecológicas y cocinar comida vegetariana. Allí teníamos previsto pasar la noche pero al llegar vimos que estaba bastante lejos de Samaipata y no había nadie para recibirnos. Para colmo se había puesto a llover y sinceramente no nos apetecía esperar bajo la lluvia a que volvieran los dueños. Quizás la próxima vez que volvamos porque la verdad es que tenía buena pinta.

Tras nuestra pequeña parada en el camino volvimos a montarnos en el taxi y llegamos a Samaipata donde nos alojamos en el hostal-camping El Jardin (35$b.) un lugar encantador a las afueras del pueblo cerca del mercado central. 





Allí dejamos las mochilas y, como no queríamos que nos sucediera lo de siempre, nos fuimos a almorzar al café 1990 en la plaza del pueblo. Un lugar muy acogedor, dirigido al público extranjero, algo más caro de lo habitual pero donde la comida estaba muy rica. 

Una vez terminamos de comer nos acercamos a la esquina donde paran los taxis (100$b.) para alquilar uno compartido con otros dos franceses que nos llevara las ruinas del “fuerte” un lugar patrimonio cultural de la humanidad según la Unesco. Aunque su origen todavía es un misterio se cree que inicialmente fue antiguo emplazamiento religioso Inca esculpido enteramente en roca que se encuentra lo alto de la montaña. Con la llegada de los españoles el lugar sirvió como fuerte y lugar de descanso de los conquistadores en su camino por la ruta de la plata desde Sucre, Potosí y Cuzco. El lugar la verdad es que es espectacular fue una pena el tiempo que tuvimos que no nos dejó admirar en todo su esplendor.




Ya de vuelta en el pueblo caminamos por sus tranquilas calles que mezclan pequeñas pensiones y alojamientos locales con agencias de turismo, talleres de artesanos y pequeños cafés con mucho encanto. Definitivamente Samaipata tiene una personalidad especial.







En la noche decidimos dejar a un lado la dieta boliviana y acercarnos a la pizzería ubicada enfrente del mercado central donde su dueña Argentina hace posiblemente las mejores pizzas de toda Bolivia. Así que compramos un par medianas y nos fuimos a la habitación a disfrutarlas mientras veíamos una peli en el ordenador.


Al día siguiente nos despertamos con aun peor tiempo así que tuvimos que cancelar nuestros planes de hacer cualquier excursión y dedicamos el día a realizar gestiones. Primero intentamos comprar el billete para el día siguiente a Sucre cosa que no fue nada sencilla porque después de revisar los tres lugares del pueblo donde se pueden adquirir lo único que nos quedó claro es que era un timo. Nos pedían 130($b.) cuando desde Santa Cruz son sólo (90$b.) y además el bus es un semicama cutrísimo. Moraleja para próximos viajeros procurar comprar el billete antes de salir de Santa Cruz y no en el bar el Nuevo turista si no lo queréis pagar un 40% más caro.

Una vez que resolvimos el tema billete tocaba buscar una agencia que nos llevara al bosque de los helechos por un precio que no fuera escandaloso. Después de revisar todas las empresas encontramos una que ya tenía un grupo de cinco personas y nos ofreció el mejor precio posible (110$b.) Con todo resuelto dedicamos el resto del día a disfrutar del ambiente tranquilo de Samaipata.




El último día nos levantamos temprano para poder desayunar y acercarnos a la agencia antes de las ocho de la mañana. Una vez allí nos reunimos con el resto de extranjeros y comenzamos la excursión hacia el parque natural de aldfj donde se encontraba el bosque de los helechos.

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El primer trayecto fue de 40 minutos en furgoneta hasta la entrada del parque, una vez allí nos bajamos y empezamos la caminata. Al poco tiempo llegamos a un mirador con unas vistas excepcionales. Se veía todo el valle, el pueblo de Samaipata con la cordillera de los andes al fondo. Algo fantástico. Más aún cuando tuvimos la suerte de poder ver cóndores volando por debajo de nosotros. 



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Después del mirador nos acercamos al bosque de los helechos. Uno de los tres únicos bosques de helechos gigantes del mundo. Una maravilla digna de un cuento de hadas.





Cuando terminamos con la excursión volvimos al pueblo para matar las últimas horas del día visitando el albergue de animales. Una iniciativa de una mujer suiza que rescata animales salvajes que en su día fueron mascotas de alguien pero que con el tiempo las abandonaron. La iniciativa es de alabar pero la verdad es que la visita te deja algo desapacible porque los animales pasan de ser mascotas a estar encerrados en enormes jaulas con lo que no sé yo si habrán mejorado mucho.



Ya en la noche sobre las 8 nos acercamos al bar donde habíamos comprado los billetes de bus para esperar y allí coincidimos con tres chicos lituanos muy majos que habían venido con nosotros a la excursión. Así que nos sentamos a esperar y esperar porque, como no podía ser de otra manera el bus llegó tarde. Un cuatro latas de la compañía el mexicano con lo mejorcito de Bolivia en su interior donde viajaríamos toda la noche hasta Sucre.


Pero eso, como siempre, será parte de mi próximo post. 


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