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viernes, 18 de octubre de 2013

Llegada a Bali y primera parada Ubud.

El 21 de septiembre me levanté tranquilamente, desayuné, me despedí de mis entrañables caseros y, después de curiosear por las calles de Yoyakarta me dirigí a la terminal de autobuses de Giwangan para coger el autobús que me llevaría a Dempasar en la Isla de Bali.




El autobús salía a la una de la tarde y realizaba el recorrido durante toda la noche hasta llegar a Dempasar al día siguiente a las nueve de la mañana. Durante el viaje conocí a Anna una chica polaca súper simpática que estaba de vacaciones y que tenía planeado llegar a Dempasar y continuar hacia el sur para llegar a Kuta. Mi plan era el opuesto ya que yo quería llegar a Ubud en el norte de la isla para encontrarme con Juanma y su amiga Martina que vivía en Yakarta.

Después de muchas horas de autobús atravesando Java llegamos a Ketapang para coger el ferry a Bali. Durante la travesía vimos salir los primeros rayos de sol que nos saludaban y daban la bienvenida a Bali.


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La terminal donde nos dejó el autobús estaba bastante alejada del centro de la ciudad y para poder llegar a Ubud todavía tendría que llegar a la terminal de Ubung en el centro de Dempasar y de ahí coger otro bemo a la terminal de Batubulán desde donde salían los vemos hacia Ubud. Y es que una de los puntos negativos de Bali es su sistema de comunicaciones. Para moverse entre ciudades y pueblos lo más común son pequeñas furgonetas llamadas bemos que no salen de las terminales hasta que se llenan y que cuando ven turistas el precio del billete se multiplica por 3.

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Después de un autobús nocturno, un ferry, dos bemos y una moto llegué por fin a Ubud. He de decir que mi primera impresión de la ciudad fue bastante negativa. Si bien es cierto que debió de tener un pasado idílico de pueblecito encantador lleno de templitos y escondido entre arrozales, hoy en día se ha transformado en otro gran destino turístico lleno de guest houses, cafés de diseño, restaurantes de alto copete, spas y galerías de arte de diseñadores de moda. Por sus calles hay más turistas que lugareños y el tráfico es insoportable.






Cuando me encontré con Juanma y Martina comentamos esta sensación y Martina también coincidió en que nunca había visto tanta gente en esta ciudad y que seguramente sería por las cremaciones que se hacían ese fin de semana.



Pasé un par de días en Ubud con Juanma y Martina. El primer día decidimos alquilar unas motos y hacer una excursión de un día para visitar los alrededores. La verdad es que esta fue la mejor opción porque una vez que te sales del centro turístico de Ubud las carreteras, pueblitos y vistas se hacen mucho más interesantes. Pasamos todo el día en la moto nos acercamos a las terrazas de arroz, las fuentes termales de tempaksiring y el volcán Batur.












Como yo llevaba mucho tute encima decidí quedarme un día más y relajarme paseando por los arrozales que rodean Ubud y disfrutar de un pedazo de masaje por siete euros que me dejó como nuevo.








Al día siguiente me despedí de Juanma y me dispuse a realizar mi propia ruta en moto por el norte de la isla. El primer destino fue el templo de Pura Besakih. En realidad se trata de un gran complejo de 23 templos independientes pero relacionados entre sí, de os cuales Pura Penataran Agung es el más grande e importante. El gran problema es que cuando llegas muchos lugareños buscan la excusa de que hay una ceremonia en el templo para prohibirte la entrada a no ser que utilices sus servicios como guías. No es obligatorio en absoluto, se puede pasar tranquilamente a visitar el templo sin problemas.










Cuando terminé con el templo me volvía montar en la moto y me dirigí  hacia las impresionantes  terrazas de Culik que eran una auténtica pasada. Por último y cuando ya los riñones empezaban a temblar volví a montarme en la moto y me dirigí a mi destino final de Tulamben donde tenía pensado hacer mis primeras inmersiones en Bali. Por el camino la impresionantes vistas del volcán Agung con los últimos rayos de luz de la tarde.








Llegué a Tulambén hacia las tres y media  de la tarde y me puse a buscar alojamiento y escuela de buceo. Algo que realmente no es difícil porque la ciudad no es más que una calle con un montón de escuelas de buceo alrededor. Después de comparar precios y equipos me decidí por Dive concepts que ofrecían tres inmersiones por 700.000 rupias y además cama en dormitorio por 50.000. Los equipos eran nuevos y el ambiente que había en la escuela era genial.

Después de cuadrar mis inmersiones para que pudiera ver el barco liberty, la pared de coral drop off y el jardín de coral, me dispuse a buscar un buen restaurante ya que necesitaría recargar energías para el largo día de buceo que me esperaba. Como Tulambén sólo tiene escuelas de buceo las opciones de restaurante son pocas y caras, no obstante pude encontrar al final de la calle, ya cuando vas a salir del pueblo y pequeño restaurante que servían comida local riquísima y por un precio razonable. Así que me di un buen festín de pollo balambun que es un plato de pollo con una salsa de tomate, cebolla, chiles, ajos y salsa de soja que me supo a gloria.


Con el estómago lleno regresé a la escuela maravillándome con las vistas del Agung y con una sonrisa de oreja a oreja por la expectación de volver a bucear. ¡Y esta vez para ver mi primer pecio! Pero eso será parte de mi próximo post.

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