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martes, 1 de octubre de 2013

Cruzando el ecuador con destino a Indonesia

El día 17 de septiembre tocaba volver a ponerse la mochila a la espalda y retomar el viaje hacia el hemisferio sur y las maravillosas islas de Indonesia. Primera parada Java y la ciudad de Yogyakarta.



Pasé mis últimos días en Bangkok con Juanma, Coni y Fernanda y, como dirían estas últimas, juntos lo pasamos relindo paseando por la ciudad y disfrutando de su vida nocturna. Juanma y yo incluso volvimos a pegarnos otro homenaje en el restaurante del Baiyoke sky Hotel donde arrasamos con la barra de shushi.






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También hubo un momento para poder despedirnos de Nate con la que quedamos para cenar y luego nos llevó de garitos a escuchar música en directo en una noche de lo más divertida.



Por fin el martes 17 tocaba movilizarse. Recogí mi mochila, adecenté el apartamento, dejé las llaves al conserje, me acerqué a desayunar a mi sitio favorito Foodland un “american breakfast” por 59 baths y, sobre las nueve de la mañana, me dirigí al aeropuerto internacional de suvarnabhumi donde cogería mi vuelo de mandala airlines con destino a Yakarta.




Llegué a la terminal 3 del aeropuerto internacional de Soekarno-Hatta sobre las 3:00pm. Como había leído y me habían comentado que Yakarta no es más que otra caótica ciudad del sudeste asiático sin mucho encanto, decidí salir de ahí ese mismo día. Así que, después de recoger mi mochila y sacar dinero del cajero, me dirigí a la parada de autobuses que se encuentra nada más salir y esperé a que llegara el autobús Damri que me llevaría hasta la estación de tren de Gambir 30,000IDR.

Durante el trayecto conocí a una pareja muy maja de alemanes que también eran buceadores y con los que pude intercambiar mucha información sobre mi futuro proyecto para realizar mi curso de Dive Master y me informaron sobre un crucero de buceo de tres o cuatro días que se podía hacer desde la isla de flores a Lombok pasando por Comodo que desde luego pienso hacer.

Llegué a la estación de tren sobre las 5:00pm y me acerqué a la oficina de billetes que hay nada más entrar a mano izquierda. Las dos chiquitas que la atendían fueron muy simpáticas y me dieron toda la información que necesitaba no sólo de horarios de trenes sino también de autobuses. Y es que uno de los rasgos que me han sorprendido de la gente de Indonesia es lo amables y simpáticas que son. Son una gente estupenda.




Después de sopesar las diferentes alternativas y tras asegurarme las chicas de la oficina que las guest houses estarían abiertas para cuando llegara a Yogyakarta decidí irme en el tren de las 9:00pm que llegaba a Yogyakarta a las 5:00am. Compré el billete y, como tenía tiempo de sobra, decidí acercarme a la zona mochilera de Yakarta que está al lado de la estación y buscar un sitio majo para cenar. Allí estaban Sasha y su novia y me quedé un rato con ellos charlando hasta que llegó la hora de volver a la estación.




El viaje en tren fue tranquilo, fui en clase preferente y los asientos eran cómodos y el vagón tenía aire acondicionado. Aunque si fuera por mi hubiera preferido los asientos corridos de la India o Tailandia que luego se transforman en camas de lo más cómodo. Llegué a la estación de Tugu en Yogyakarta a las 4:300am y, como tantas otras veces en este viaje, tocaba o dormir un par de horas en la estación hasta que saliera el sol o intentar buscar alojamiento a esas horas tan intempestivas. Por suerte Yogyakarta es el campo base para muchos turistas que van a ver los templos de Borabudur y Prambanan, así que muchos turistas se levantan a horas muy tempranas para poder ver el amanecer en alguno de estos lugares.


De tal forma que cargué mi mochila a la espalda y me acerqué a la zona de losmen baratas. Después de varios intentos fallidos y de algunos precios excesivamente elevados di con una pequeña losmen sólo 4 habitaciones dobles pero con una pareja de lo más dulce y agradable que me dejaron la habitación en 70.000IRP. Sin pensarlo dos veces dejé mis bártulos y me metí en la cama a ver si dormía una pequeña siesta.




Cuando me desperté tocaba buscar un sitio para desayunar y reconocer la ciudad en busca de opciones que ocuparan mi tiempo. No había andado ni tres metros cuando encontré un restaurante español. Me metí a ver que había y allí me encontré a una pareja de catalanes super majos Paul productor audiovisual y Alicia enfermera. Me puse a hablar con ellos y me comentaron que habían alquilado un tour para ver unas cataratas y unas cuevas poco turísticas con otras dos chicas españolas. Así que ni corto ni perezoso me agregué al grupo y así fue como también conocí a Susana de Palma de Mallorca y a Raquel de Madrid, ambas enfermeras.

Pasamos el día los cinco de lo más entretenido. En nuestro taxi particular primero fuimos a unas cuevas donde se escondían los revolucionarios comunistas. La verdad es que suena mucho mejor de lo que era. Pero lo más divertido vino después  cuando nos acercamos a unas cascadas cercanas a la cueva donde nos estuvimos bañando toda la mañana disfrutando como enanos del agua y rodeados de lugareños que nos miraban que estaban encantados de que estuviéramos allí con ellos.






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Después del río tocaba acercarse a las cuevas de pin dul que era la otra atracción del día. Se trataba de un recorrido en las cámaras de las ruedas de un camión por un río que atravesaba unas cuevas de 400-500 metros. La verdad es que en sí las cuevas no eran nada del otro mundo comparadas con otras que he visto en este viaje pero el baño fresquito y la diversión que tuvimos merecieron la pena y eso que todavía queda lo mejor.


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Cuando regresábamos a las taquillas a devolver los donuts y el resto del material vimos como un grupo de mujeres estaba tocando música con un instrumento local parecido a un moledor de grano. La verdad es que el ritmo era muy complicado y totalmente diferente al que había escuchado yo en músicas europeas pero las mujeres sabían lo que hacían porque cada una de ellas tenía su propia función en la percusión final.





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Como no podía ser menos me tentaron las ganas de saber cómo funcionaba el instrumento y me puse a tocar y bailar con ellas, cosa que les hizo muchísima gracia. Todos los del pueblo se acercaban a ver que lo que sucedía y flipaban con el grupo de extranjeros y especialmente con el blanco que no hacía más que bailar, percutir y cantar al ritmo de la música. Y todavía lo fliparon mucho más cuando decidí acercarme a un chavalito que tenía un bafle conectado a su móvil y le pedí que me dejara poner mi música. Conecté mi móvil y puse a De la fe y las flores azules y me puse a bailar y cantar con el buen rollito de la canción “rio por no llorar”. Enseguida apareció un lugareño con un micrófono y me instó a que cantara en modo karaoke en medio de la calle. Y como no podía ser menos, from lost to the river. Ahí estaba yo cantando y saludando a los lugareños que pasaban en sus motos y no salían de su asombro. En fin todo un show del cuál he decidido no cobrar derechos de autor por vergüenza torera.



Ya por fin después de divertirnos tomando té, charlando y haciendo el tonto nos volvimos a montar en el coche y regresamos a Yogyakarta donde nos despedimos con promesa de volver a encontrarnos ya que al día siguiente ellos marchaban hacia Bromo mientras que yo me quedaba un día más para ver el maravilloso templo de Borabudur. Pero eso será parte de mi próximo post

2 comentarios:

  1. Artutoooo te extrañamos... pasalo lindo en tu viaje... y manda noticias. Me encantó tu blog. Fernanda

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    1. Y yo a vos, espero que lo hayáis pasado genial en la India y nos vemos en Chile

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