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lunes, 16 de septiembre de 2013

Koh Chang pasado por agua

Seguramente este sea el post más corto de todos los que escriba en este blog y es que mi excursión a Koh Chang fue tan rápida y corta que apenas da para unas pocas líneas.


Después de pasar unos días vagueando y sin hacer más que preparar mis papeles para el visado de Indonesia, el día diez me dirigí a la estación de autobuses sur Bangkok Sai Tai para coger el autobús nocturno que me llevaría a Rangon desde donde podría coger un ferry hasta la isla de Koh Chang. Para llegar hasta la estación de autobuses fui hasta la estación de trenes y allí cogí el autobús 40, el 124 y el 507 también llegan hasta Sai Tai. Un consejo para futuros viajeros ir con bastante tiempo porque la estación está bastante lejos y los atascos en Bangkok pueden jugarte una mala pasada.

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Como en todos los trayectos de autobús de este viaje, no pude dormir un carajo así y para colmo no paraba de llover y el autobús llegó a las 5:00am a Ranong con lo que me tocó esperar en la parada de autobuses hasta que algo abriera.

Sobre las siete de la mañana abrió la kiwi guest house que está al lado de la parada de autobuses y pude entrar a desayunar y asearme. Su dueña Jai me comentó que había dos ferrys a Koh Chang uno a las 9:00am y otro a las 2:30pm pero que al ser temporada baja sólo funcionaba el de las 2:30pm. Con lo que aproveché quedarme actualizando el blog en su local.

Cómo Jai había sido muy amable, me había conseguido alojamiento en la isla y además me llevaba en coche al puerto decidí comprarle a ella el billete de ferry. Cuando llegué al puerto me Jai me presentó a su amiga que gestionaba la guest house donde me iba a quedar en Koh chang que había venido a Rangon para comprar víveres en el mercado.

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Me monté en el ferry y al cabo de una hora de traqueteo por el mar llegamos a la isla de Koh Chang. El lugar es un paraíso. Sin electricidad, la isla apenas tiene turistas y mucho menos en la temporada de lluvias. En esta época del año los únicos turistas existentes se ven reducidos a un pequeño grupo de no más de cinco que se dedican a ver los días pasar al más puro estilo tai. Yo tuve la suerte de conocer en el ferry a Pier uno de estos extranjeros exiliados que llevaba dos años viviendo en la isla. Pier era francés y sordomudo con lo que la comunicación os podéis imaginar cómo fue pero lo importante es que quedamos en que al día siguiente me vendría a recoger para ir a una fiesta de cumpleaños con el resto de exiliados.




Cuando llegué al puerto me montaron en una moto junto con el resto de víveres de enseres comprados esa misma mañana y nos dirigimos a los bungalows Golden Bee situados a pie de playa al otro lado de la isla. Los bungalows eran muy sencillos pero estaban limpios y la familia era muy acogedora. Dejé mi mochila en la habitación y me fui a dar una vuelta a ver que encontraba. La costa es una gran playa donde se sitúan todas las guest houses que en temporada alta se llenan de turistas pero que en esta época están desiertas y cerradas. 

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El tiempo seguía sin ayudar y cada dos por tres caían unas tormentas torrenciales que como no tuvieras cuidado te calaban hasta los huesos. Con este panorama decidí darle un par de días a la isla para ver si mejoraba el tiempo y podía disfrutar un poco más de la playa y dame un bañito en el mar. 












Dos días han pasado y el tiempo ha continuado siendo muy malo así que a día de hoy, un día antes de lo esperado, regreso a Bangkok donde me voy a encontrar con Juanma y las chicas para una última noche de juerga antes de que coja mi vuelo para Jakarta.

Pero eso será parte de mi próximo post.

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