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sábado, 10 de agosto de 2013

Koh Pangan unas vacaciones en el paraíso

Llegamos al muelle de Thong Sala a las 10:00 AM bajo un cielo azul y las vistas eran más que prometedoras. Playas de arenas blancas, aguas turquesa y cocoteros.


Diana aunque había podido dormir una media hora en el trayecto del ferry juraría que había menguado un par de centímetros y su cara no era aceptada ni en las exposiciones de arte contemporáneo. Pero aun así se mantenía firme hasta el final.

Nada más salir por la puerta del embarcadero como suele suceder en estos casos nos vimos rodeados por taxistas ofreciéndose para llevarnos a nuestro destino final. Después de regatear lo justo decidimos subirnos a un sawngthaews y pagamos 150 baths, precio oficial de turista, porque nos llevara hasta Hat Khom en el extremo noreste de la isla donde Matías y Charline, mis amigos franceses que conocí en Myanmar, nos habían reservado un Bungaló en la playita.





Llegamos a media mañana a nuestro destino final Hat Khom Bungalows, un rincón súper tranquilo en una playita con unos cuantos bungalows y un restaurante a pie de playa. Dejamos nuestras mochilas en la habitación y nos fuimos a la playa para descansar del viaje tomando un poquito el sol y relajándonos escuchando el ritmo del mar. Cuando Diana vio la playa decidió que, dadas las circunstancias y lo bonito del lugar, no iba a dormir hasta que fuera de noche. Yo ya no sabía si aplaudir su tenacidad o preocuparme por su salud y estado físico. 


Y, en medio de este trascendental dilema, levanté mi mirada y no me podía creer a quién tenía ante mis ojos. ¡Mi prima Paula! Realmente el mundo es un moco, yo sabía que mi prima estaba de vacaciones con su novio en Tailandia pero no creía que pudiera tener la suerte de encontrármela y mucho menos en el punto más remoto de una isla justo cuando salgo de mi bungaló por primera vez para pisar la playa. Después de pasar el shock nos pusimos al día de nuestros viajes y decidimos quedar para tomar algo a la hora de comer en el restaurante.




Diana y yo pasamos el resto del día tranquilos y relajados en la playa hasta que llegaron Charline y Matias que ilusión e hizo volverles a ver, ellos llevaban viviendo en Koh Phangan casi un mes en una casa que se habían alquilado. También nos presentaron a Juliaadkfa otro chico francés que vivía en nuestros mismos bungalós y que llevaba un año viajando en moto por Tailandia.






La situación era genial, después de casi siete meses viajando me encontraba en un lugar maravilloso con gente realmente especial. Me sentía súper feliz.



Ya por la tarde mi prima se fueron a la zona de la isla donde estaban alojados y con Matías y Charline quedamos para acercarnos a su casa al día siguiente a hacer una cena a la europea. Mientras tanto Diana y yo cenamos en el restaurante de la playa y luego nos fuimos a tomar la última cerveza al coral bay bar al final de la playa donde había un ambiente tan bueno que incluso un cerdo salvaje le gustaba visitar el bar para quedarse relajado durmiendo debajo de un banco del bar. Pero ya sí que después de media hora Diana sucumbió al cansancio y nos fuimos a dormir.




Al día siguiente nos despertamos y fuimos a disfrutar de un magnífico desayuno de café con crepe de Nutela mirando al mar mientras esperábamos a que vinieran Matías y Christine para irnos de excursión en moto por la isla. Estuvimos toda la mañana recorriendo la costa noroeste de la isla parando en Ao Ha Thong Lang para pegarnos u baño y disfrutar de su maravillosa playa.






Ya por la tarde nos acercamos fuimos todos a casa de Matías y Christine a para preparar nuestra cena española consistente en tortilla de patata, ensaladita, pan con tomate y aceite, embutido español y tabla de quesos franceses.

Cuando llegamos añkfjñksd ya estaba allí que también se iba a unir a la fiesta, Matías y yo nos fuimos a comprar los ingredientes así como una sartén para poder hacer la tortilla. Luego Diana y yo nos pusimos manos a la obra para preparar la cena mientras que el resto de la tropa esperaba en el porche de la casa. La velada fue increíble, yo me lo pasé genial primero compartiendo el momento de la cocina con Diana y luego disfrutando de la cena con mi nuevo grupo de amigos y como colofón al final de la cena rememoramos viejos tiempos en Myanmar y nos pintamos la cara con tanaka, sacamos la guitarra y nos pusimos a cantar.





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Al día siguiente el día amaneció nublado y, como ya llevábamos varios días en nuestra playa de Hat Khom decidimos ir en búsqueda de una pequeña cala cercana a la que se accedía tras una excursión de 1h por un pequeño sendero entre la selva. El único problema fue que en mitad de la caminata empezó a caernos el diluvio universal y, como ninguno de nosotros estaba equipado para una travesía bajo lluvia torrencial tuvimos que darnos la vuelta y regresar por donde volvimos y planificar nuestro día por otro lado. Por suerte el mal tiempo sólo duro la mañana y por la tarde pudimos disfrutar de la playita.







En el penúltimo día en la isla decidimos quedar con Matías y Charline para acercarnos con las motos a la playa de Hat Than Sadet en el otro extremo de la isla. La excursión en moto fue bastante dura porque a mitad de trayecto la carretera se convirtió en un camino de barro resbaladizo y lleno de empinadas cuestas pero el resultado bien que mereció la pena. Una cala encantadora con un chiringuito para poder sentarnos a tomarnos un bocadillo de lomo con una cervecita. 








A la vuelta de la playa pasamos paramos un momento a ver las cataratas de Nam Thok Than Sadet que sinceramente no eran más que un pequeño riachuelo entre las montañas pero que nos sirvió para sacarnos unas fotos bastante chulas.



Para nuestro último día en la isla Dina y yo decidimos pasar todo el día recorriendo en moto todo el norte de la isla hasta llegar hasta Thong Sala parando en aquellas playas y calitas que nos apetecía para descansar y tomarnos una cerveza o pegarnos un baño. Después de comer en Thon Sala cogimos la moto y nos acercamos a la reserva de Nam Tok Phaeng pero cuando llegamos el lugar ya estaba cerrado aunque le sacamos jugo a la situación y nos quedarnos jugando con un elefante que tenían a las afueras del parque.








Como colofón al caer la noche nos fuimos a cenar a uno de los típicos restaurantes de pescado de Chalok Lam para saborear un estupendo “red snaper” cocinado en un papillote a la barbacoa con verduras, piña y salsa de ostras. Fue un día estupendo.

El día tres de agosto era el día que teníamos que regresar a Bangkok ya que Diana volaba a España al día siguiente por la noche. Nos levantamos temprano para organizar las mochilas y tras un último desayuno mirando al mar cogimos el taxi hasta el puerto de Thong Sala allí embarcamos en el ferry que nos llevaría hasta Chumpong donde pudimos cenar y descansar un rato en la estación de tren mientras esperábamos a que llegara el servicio de coche cama que nos llevaría a Bangkok.



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Al día siguiente llegamos a nuestro destino sobre las 6:30 de la mañana y, como el tren no era lo que se dice lo más cómodo para dormir, decidimos acercarnos al apartamento a dejar las cosas y descansar. Cuando nos despertamos todavía quedaban unas horas hasta que Diana tuviera que coger el vuelo así que decidimos aprovechar el día y, dado que estábamos en fin de semana, nos acercamos al mercado de Chatuchak.


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Terminamos con el mercado sobre las cinco de la tarde y Diana ya tenía que encaminarse hacia el aeropuerto así que nos acercamos al apartamento a recoger su mochila y fuimos hasta el skytrain donde nos despedimos y dijimos adiós.

Muchas gracias Diana por a una de las mejores semanas de vacaciones que he vivido un beso enorme.

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