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miércoles, 13 de marzo de 2013

Bangkok y el peligro del barrio chino

Ayer me propuse ver bastante más de Bangkok, no me parecía correcto pasar de puntillas por esta ciudad así que nada más levantarme, me pegué una ducha fría y me acerqué al centro para ver la zona del palacio real.

Lo bueno de viajar sin planes es que puedes visitar lo que te dé la gana sin tener que arrepentirte de no haber visto un monumento u otro. Y precisamente eso fue lo que me pasó a mí, antes de llegar al palacio real y el wat pho, que ya los conocía de viajes anteriores, me llamó la atención un templo que hay cerca del monumento de a la democracia. Así que toqué el timbre del autobús y me bajé.






El calor era agobiante, pero la visita mereció la pena, el templo es el de adkfañdkfa y es un complejo de varios templos que rodean uno central con 5 alturas impresionante. Además desde ahí se puede ir andando al templo de oro. Un templo en lo alto de una colina donde suben los tailandeses a disfrutar de unas vistas impresionantes. Durante la ascensión los tailandeses hacen sonar las campanas que rodean el templo en un circuito que termina en un sonoro gong que tocan tres veces.









Luego decidí pasear por la avenida principal hasta kahosan road para comer algo. Durante el recorrido pasé cerca de la escuela de arte de Bangkok. Estaba de suerte porque ese día tenían unas jornadas de puertas abiertas y hacían actividades gratis. Una de ellas pintar tu retrato. ¡Era una ocasión que no podía desaprovechar!. Siempre he querido saber cómo queda mi careto en un retrato artístico. Bueno os dejo a vosotros juzgar.




Particularmente creo que se parece a mí igual que un huevo  una gallina. Pero el chaval sólo estaba en primero de dibujo.

Tras el desastre pictórico decidí que tenía que ahogar mis penas en un café mientras esperaba a que se fuera un poco el calor que me estaba consumiendo vivo. Elegí un local tranquilito me enchufé a internet y me puse a hablar con mis pupis por videoconferencia que ya hacía tiempo que no sabía de ellos. La conversación se alargó, como suele suceder con la familia y sin querer se me hizo de noche. Tenía que moverme si quería llegar al mercado de las flores y al barrio chino para cenar.





Pregunté por la zona y me dijeron que el autobús número 60 era el que necesitaba para llegar al mercado de las flores y después podría ir andando al barrio chino. De camino a la parada pasé por el parque que está en frente del palacio real y la escena era fantástica. Decenas de familias sentadas pasando el día con comentas en el aire de todos los tipos y colores. Algo increíble.


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El autobús se hizo de rogar pero por fin apareció y en poco tiempo estaba disfrutando de uno de los mercados más coloridos de Bangkok. Es un barrio entero llego de flores de todos los tipos y colores. Está abierto de 18 a 3 y la actividad es frenética. La cantidad de género es brutal. Yo no he visto tantas flores ni de tantos colores juntas nunca en mi vida. Además el hecho de que sea nocturno le da un toque de mayor colorido.


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Cuando terminé mi visita por las floridas calles volví a coger otro autobús, esta vez el número 1, y me planté en el barrio chino. Esta zona por la noche he de decir que es de mis favoritas de Bangkok. Está llena de neones con caracteres chinos que iluminan la calle con todo tipo de colores y la gente se apegotona esperando su turno en los cientos de puestos de comida china.

Para elegir un sitio decidí mirar donde había más occidentales y les pregunté si la comida estaba buena. El resultado fue terminar cenando con una pareja de franceses y otra de alemanes en un puesto donde la comida estaba deliciosa. Aunque poco después me daría cuenta de que no es oro todo lo que reluce.






Necesitaba volver a casa en el último tren así que con gran pesar dejé la conversación y me dirigí hacia la parada de metro. Aunque de camino decidí parar en un mercadillo a comprar unas uvas que tenían una buena pinta increíble.


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Continué con mi comino y de repente sentí una presión en mi estómago que me avisaba de que un pedete estaba en camino. O al menos esos pensaba yo. No sé si estáis familiarizados con el chiste “mama, mama ¿los pedos pesan?....” Efectivamente no fue una ventosidad de lo que mi cuerpo decidió desprenderse, sino que una terrible diarrea me atacó por sorpresa sin que yo pudiera hacer nada.

Boquiabierto y con la cara descolocada miré hacia todas partes para ver si alguien me había visto en semejante situación. Por suerte era tarde y la calle estaba vacía. Rápidamente me acerqué a un hotel de lujo que tenía cerca y me refugié en el baño para ver cuales habían sido los daños. No sabía cuál era el origen de semejante atropello, la comida china, las uvas, unos pinchos de pollo callejeros que había ingerido en la comida. El caso es que tenía que apañármelas para volver a casa con los pantalones hechos un asco pero con mi dignidad intacta, necesitaba un plan.

Lo primero fue lavarme y limpiarme. Suerte que en ese momento no entró nadie en el baño. A ver como explicas tú un culo en pompa delante del lavabo a esas horas de la noche. Luego darme la vuelta a los pantalones. Lo de atrás adelante y lo de adelante atrás. Así nadie vería el estropicio. Y por último salir del baño con la cabeza bien alta y paso decidido hacia el metro.


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El trayecto hasta casa se hizo eterno. Por fin después de una línea de metro entera más un autobús y un paseo de 10 minutos conseguí llegar a mi destino. Lavé los pantalones a conciencia, me pegué la ducha del siglo y me metí en la cama pensando que al día siguiente tenía una larga jornada hasta que llegara  a mi primera parada en Filipinas.

Bueno eso si me dejan entrar en el país porque según parece puede que me toque batallar con el superintendente de inmigración otra vez. Espero que no me deporten….

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